1

México arde

CIUDAD DE MÉXICO – La ultima vez en que México experimentó una crisis política más grave que la de hoy fue en 1994, cuando un grupo de guerrilleros llamados zapatistas llevaron a cabo un levantamiento semiarmado en el Estado meridional de Chiapas. El sucesor del Presidente, elegido a dedo, fue asesinado y, como si eso no fuera bastante, el valor del peso se había desplomado casi un 70 por ciento. La crisis actual no es tan grave, pero se le aproxima.

En diciembre de 2012, el Presidente Enriqe Peña Nieto tomó posesión de su cargo en circunstancias no halagüeñas. Fue elegido con tan sólo el 38 por ciento de los votos, sin mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso y con el control por la oposición de la Ciudad de México, la capital. El candidato que le siguió en votos, el dirigente de la oposición Andrés Manuel López Obrador, impugnó los resultados de la elección.

Peña Nieto afrontaba dificultades graves. Su Partido Revolucionario Institucional (PRI) había gobernado a México durante 70 años, hasta que fue desalojado del poder en 2000. Una gran mayoría de los votantes mexicanos seguían sospechando de su corrupción, autoritarismo e incompetencia económica. El predecesor de Peña Nieto, Felipe Calderón, le había legado una guerra contra las drogas que ya había causado más de 60.000 muertes; al menos otros 22.000 mexicanos estaban desaparecidos.

Al principio, pareció que Peña Nieto podría dar la vuelta a la situación. Concertó un acuerdo con los dos partidos de la oposición –el Partido de Acción Nacional (PAN), de centro derecha, y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de centro izquierda– y consiguió importantes cambios legislativos. Fue aclamado como un reformador de primera. El país estaba viviendo el “momento mexicano”, como lo denominaron sus preparadores, y parecía estar a punto de cumplir, por fin, su gran promesa.