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La sombra de Libia sobre los fondos soberanos

NUEVA YORK - A medida que los ciudadanos de Libia reconstruyen sus vidas y su economía, se está convirtiendo en una prioridad deshacer la corrupción en la Autoridad de Inversión Libia (AIL), el fondo soberano en que el régimen de Muammar Gadafi supuestamente escondió y malgastó los recursos generados por el petróleo. El Consejo Nacional de Transición está discutiendo quién debe hacerse cargo del Banco Central de Libia y los activos de la AIL, una decisión especialmente importante dado que se espera que la producción de petróleo demore varios años en regresar a los niveles anteriores a la guerra.

Independientemente de cómo el gobierno de Libia termine manejando la AIL, todos los fondos soberanos -y sus asesores y recaudadores de fondos - pueden aprender varias lecciones importantes. Por supuesto, no se debe inferir del caso de Libia de que los fondos soberanos en todos los demás países estén plagados de corrupción y conflictos de intereses. La AIL ha sido siempre excepcional; de hecho, tradicionalmente varios índices que clasifican los fondos soberanos en cuanto a transparencia, rendición de cuentas y gestión pública solo han dado a Irán una calificación inferior.

Sin embargo, si bien los casos difíciles tienden a generar mala reputación y es demasiado pronto para juzgar, la AIL debe ser una llamada de atención para las corporaciones y los fondos de Oriente Próximo y el mundo entero.

En primer lugar, los gobiernos deberían aclarar mejor las fuentes de financiación tras cada inversión en particular. La financiación privada que resulta ser financiación pública ligada a la familia gobernante o los ministros del gobierno presenta diferentes riesgos políticos y financieros y, por tanto, se debe evaluar de manera diferente.