laughing children Chien-min Chung | getty images

La felicidad como propósito

LONDRES – En los últimos años, las ideas sobre la felicidad han experimentado un cambio profundo. Hasta hace poco, parecía lógico aceptar que nuestra felicidad estaba determinada por factores como la suerte, el destino o los genes, que quedan fuera de nuestro control. Era fácil creer que, como dijo Samuel Beckett, las “lágrimas del mundo permanecen constantes”.

Pero nuevos descubrimientos señalan formas nuevas de concebir la felicidad, como algo sobre lo que sí que tenemos control y que se puede enseñar.

La felicidad depende de muchos factores: desde los evidentes, como disfrutar de buena salud y relaciones satisfactorias, hasta otros que podrían no parecer inmediatamente lógicos, como practicar un comportamiento generoso. Algunos de ellos se pueden aprender o cultivar y los cursos que enseñan hábitos mentales positivos –como el aprecio de las cosas importantes o no pensar demasiado en los contratiempos– han demostrado mejoras calibrables del bienestar. Recientemente, el Dalia Lama contribuyó a lanzar una serie de cursos de esa clase en Londres, preparados por Action for Happiness, organización a cuya fundación contribuí.

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