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De estado benefactor a estado innovador

PRINCETON – Un espectro está acechando a la economía mundial -el espectro de la tecnología que mata el empleo-. La manera en que se enfrente este desafío determinará el destino de las economías de mercado y las políticas democráticas del mundo, de la misma manera que la respuesta de Europa al ascenso del movimiento socialista a fines del siglo XIX y principios del siglo XX dio forma al curso de la historia subsiguiente.

Cuando la nueva clase trabajadora industrial comenzó a organizarse, los gobiernos apaciguaron la amenaza de la revolución desde abajo que Karl Marx había vaticinado expandiendo los derechos políticos y sociales, regulando los mercados, erigiendo un estado benefactor que proveyera amplias concesiones y seguro social y aliviando los altibajos de la macroeconomía. En efecto, reinventaron el capitalismo para hacerlo más inclusivo y darles a los trabajadores una participación en el sistema.

Las revoluciones tecnológicas de hoy exigen una reinvención igualmente integral. Los potenciales beneficios de los descubrimientos y las nuevas aplicaciones en la robótica, la biotecnología, las tecnologías digitales y otras áreas nos rodean y son fáciles de ver. Por cierto, muchos creen que la economía mundial puede estar en el umbral de otra explosión de nuevas tecnologías.

El problema es que la mayor parte de estas nuevas tecnologías traen aparejado un ahorro de mano de obra. Conllevan la sustitución de trabajadores con una calificación baja o mediana por máquinas operadas por una cantidad menor de trabajadores altamente calificados.