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La justicia llega a Chad

N'DJAMENA, CHAD: "¿Desde cuándo llegó la justicia hasta Chad?" preguntaba un exprisionero político a un grupo de víctimas de la tortura mientras discutían la idea de enjuiciar al exdictador exilado del país Hissène Habré. Habré, quien aterrorizó a este depauperado país de 1982 a 1990 se encontraba a salvo en su villa a la orilla del mar del otro lado del continente en Senegal, disfrutando de los 14 millones de dólares que, según se dice, se robó de las arcas nacionales cuando salió al exilio.

No obstante, la justicia sí llegó a Chad, representada por un joven juez belga, un fiscal de Bruselas, cuatro oficiales de policía y un oficial de juzgado que llegaron a esta polvorienta capital para investigar los cargos levantados contra Habré en un tribunal belga, de acuerdo con las leyes extraterritoriales en contra de las atrocidades de ese país, que permiten perseguir los peores deltios en contra de los derechos humanos sin importar dónde se cometan.

Cuando la radio en Chad difundió la noticia de la llegada del grupo, las víctimas comenzaron a presentarse en el tribunal para contar sus historias. Se afirma que Habré, quien tuvo el apoyo de Estados Unidos y Francia como bastión en contra del libio Muammar Kadafi, mató a decenas de miles de opositores reales o sospechosos de serlo antes de ser derrocado por su ex jefe del ejército. No obstante, muchos de los secuaces más violentos de Habré todavía ocupan puestos de seguridad claves en la nueva administración y presentarse a declarar sigue siendo un asunto arriesgado. Sin embargo, la visita del juez (y la cooperación total del gobierno de Chad) parecen haberle dado valor a las víctimas.

El juez y su equipo visitaron las cinco cárceles de N'Djamena, incluyendo una que se encuentra dentro del complejo presidencial, donde la policía política de Habré, entrenada en Estados Unidos, sistemáticamente torturaba a los prisioneros. Ismael Hachim, presidente de la asociación de las víctimas, describió cómo lo sometían al "arbatachar", una forma común de tortura en la que las cuatro extremidades de la víctima se atan detrás de su espalda hasta que la circulación sanguínea se interrumpe, lo que provoca parálisis.