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Bromas sobre la ciencia

ITHACA, NUEVA YORK – Una historia apócrifa que a veces se escucha entre físicos trata de un brindis propuesto por sus colegas de la Universidad de Cambridge, a J. J. Thomson por su descubrimiento del electrón en 1897: “Al electrón: ¡es de esperar que nunca le sea útil a nadie!”. Dicen que los matemáticos puros hacen un chiste similar a propósito de su profesión.

¿Por qué habría de considerarse ingeniosamente divertido celebrar la inutilidad del conocimiento? Vi una actitud similar en un cosmólogo que participaba en un programa de radio hace algunos años: el presentador le hizo notar que su investigación "casi no tenía aplicabilidad práctica", a lo que el invitado respondió con rapidez: "Sí, estoy orgulloso de eso."

Estos chistes parecen basarse en el mismo supuesto: todo el mundo piensan que el conocimiento, especialmente el conocimiento científico, debería ser útil. Así, es divertido jactarse de que la propia rama del conocimiento, ya sea la física experimental, las matemáticas o la cosmología, no tiene utilidad alguna.

Sin embargo, el chiste no funcionaría si al mismo tiempo no existiera un supuesto muy generalizado: que el conocimiento científico tiene un valor independiente de cualquier uso práctico. Después de todo, no sería divertido si una organización de caridad dedicada a paliar el hambre celebrara su propia ineficacia; en ese caso el valor práctico tendría capital importancia, porque sería la única razón real que justificara su existencia.