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El nuevo realismo de Israel

La victoria de Kadima en las elecciones de Israel es el hito político más importante del país en 30 años, si no más. El nuevo partido –creado hace apenas seis meses– ha realineado la política israelí, al transformar todo el marco de principios ideológicos en que se basa la estrategia de seguridad del país.

Todo el mundo sabía que Kadima vencería y formaría una coalición con el Partido Laborista de izquierda moderada, que logró un respetable segundo puesto. A consecuencia de ello, algunos votantes de Kadima se quedaron en casa, mientras que otros partidarios potenciales votaron al Partido Laborista a fin de fortalecer su intervención para sacar adelante propuestas económicas y sociales en la coalición encabezada por Kadima.

En la derecha, el Partido Likud, que Sharon abandonó para crear Kadima, tuvo unos resultados muy malos, en parte porque muchos votantes conservadores también lo desertaron para votar a partidos religiosos, de inmigrantes y de otra índole. De hecho, una gran diversidad de grupúsculos políticos, incluidos tres partidos religiosos judíos, partidos árabes y un partido de pensionistas, obtuvieron escaños. Como Kadima y el Partido laborista no dispondrán de una mayoría ni siquiera en coalición, tendrán que atraerse a algunos de esos grupos.

Pero la importancia de la distribución de los escaños palidece en comparación con la de los cambios a largo plazo en la política israelí que entraña la victoria de Kadima. De hecho, tras haberse atraído a figuras principales tanto del Partido Laborista como del Likud, Kadima se ha afianzado ahora como el partido centrista con mayor éxito de la historia de Israel. En vista de que han quedado pocas estrellas en el Partido Laborista y en el Likud, Kadima puede llegar a ser el partido dominante en el país durante muchos años.