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La crisis de refugiados de Irak

Entre los muchos desastres humanitarios generados por la guerra civil que hoy arrasa a Irak hay uno que es casi invisible. Pocas veces las escenas del desplazamiento masivo de la población civil llegan a las pantallas de nuestros televisores porque, a diferencia de las bombas y los ataques suicidas, el desplazamiento no produce la sangre, el fuego o los gritos que conforman una cobertura apremiante. Sin embargo, las cifras son alarmantes: cada mes, unos 40.000 iraquíes huyen de sus hogares por la guerra. La mitad de ellos van a otras partes de Irak; el resto, al extranjero.

A decir verdad, la población de Irak se está desangrando. Esta devastación es aún más dramática porque, desde la invasión hace cuatro años, sólo 3.183 iraquíes han sido reasentados en terceros países. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, todos los países en conjunto le ofrecieron la oportunidad de iniciar una nueva vida a aproximadamente la misma cantidad de refugiados iraquíes que huyen del país en apenas cinco días.

Este éxodo no es nuevo, pero desde la mayor violencia que siguió al bombardeo de la Mezquita Dorada chiíta en Samarra en febrero de 2006, el ritmo del desplazamiento se aceleró. De hecho, éste es el mayor desplazamiento de población en Oriente Medio desde 1948.

Dos millones de refugiados iraquíes están diseminados por la región, la gran mayoría de ellos en Jordania y Siria, y una menor cantidad en Turquía, Líbano y Egipto. Como son refugiados urbanos -no están albergados en carpas, sino que se fusionan con la población local en los países anfitriones-, se los ignora fácilmente.