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Los clérigos políticos de Irán

El régimen teocrático de Irán parece más seguro que nunca. El impasse con Occidente por su programa nuclear, aunado a sus vínculos con Siria y su influencia creciente en Líbano e Iraq, indican el surgimiento de una potencia regional fuerte. Pero, mientras que los analistas occidentales y los vecinos de Irán se alarman, de hecho la autoridad del régimen está construida sobre cimientos no muy sólidos.

La Revolución de 1979, que puso fin a la tradición monárquica de Irán, creó un nuevo orden político basado en los fundamentos teológicos chiítas y dio poder absoluto a un clérigo-jurista chiíta para gobernar. Durante toda la larga historia de Irán, los seminarios chiítas ejercieron una gran influencia en la sociedad y la política iraníes, pero se les consideraba instituciones civiles. No fue sino hasta la Revolución iraní que el sistema de seminarios se empezó a considerar como una fuente de legitimidad política.

Esa transformación se apegaba a la teoría del Ayatola Khomeini sobre el “gobernante-jurista”. En opinión de Khomeini, el gobernante-jurista podía modificar las leyes religiosas dependiendo de su interpretación de las necesidades del régimen. Como resultado, la interpretación religiosa –que anteriormente era una función altamente descentralizada realizada por diversos seminarios- se concentró en la persona de un líder político. Por consiguiente, el sistema de seminarios ya no era una estructura civil que manejaba sólo asuntos religiosos sino que evolucionó para convertirse en un actor ideológico unificado al servicio de los intereses del régimen.

Esa transformación fue de gran alcance. Tradicionalmente, los seminarios chiítas eran más bien lugares sin estructura, sin organización, que se basaban en estilos administrativos premodernos. El concepto de sistema religioso descentralizado es difícil de entender para los occidentales dado el marco administrativo muy estructurado de las Iglesias y las órdenes eclesiásticas cristianas. Pero esta jerarquía flexible, la ausencia de reglas escritas y de orden organizativo, permitió que los diversos seminarios –y sus diferentes tradiciones de interpretación - sobrevivieran a los regímenes políticos despóticos y se resistieran a la intervención de diferentes dinastías y monarquías.