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Los comedores de hierba nuclear del Irán

MADRID – Después de muchos años de intentos internacionales fracasados para poner fin al astuto propósito de fabricar armas nucleares, hoy la cuestión ya no es si Occidente puede prevenir la nuclearización del arsenal militar del Irán, sino si el régimen se desplomará antes. Lamentablemente, si no es así, la única opción para detener al Irán es la guerra y ésta es una opción muy mala.

Vale la pena recordar el caso del Pakistán, al intentar dilucidar si las sanciones ahora impuestas al Irán lo obligarán a abandonar su programa nuclear. En 1965, el ministro de Asuntos Exteriores del Pakistán Zulficar Ali Bhutto hizo la famosa declaración de que, si la India, su enemigo jurado, se nuclearizaba, su país “comería hierba e incluso pasaría hambre” para fabricar su propia bomba. Hoy, el Pakistán, un Estado casi fracasado y al borde de la desintegración, cuenta con más ojivas nucleares que la India.

El régimen teocrático del Irán, inmerso en una lucha titánica por la supervivencia contra lo que considera una alianza contra natura de Israel, el “Gran Satán” americano y un mundo árabe circundante que aborrece sus ambiciones hegemónicas, no renunciará fácilmente a sus ambiciones nucleares. De hecho, las armas nucleares parecen ser la única vía del régimen hacia la autopreservación.

Las revoluciones francesa y soviética nos enseñaron que la exportación de la revolución es una forma de protegerla. El Irán lo intentó y fracasó. La casi inevitable caída del aliado más estrecho del Irán en la región, el régimen baasí de Siria, añade simplemente más ansiedades paranoides y hace que la fabricación de una capacidad nuclear parezca tanto más necesaria para su supervivencia.