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Diseño económico inteligente

BERKELEY – Sthepen Cohen, con quien escribí, The End of Influence: What Happens When Other Countries Have the Money, suele decir que las economías no evolucionan, sino que son el resultado de un diseño inteligente. También añade que, aunque detrás de ese diseño hay una inteligencia, ello no quiere decir que el diseño sea acertado en ningún sentido.

La primera afirmación es en mi opinión indiscutible. Desde mucho antes de que Creso, Rey de Lidia, tuviera la idea innovadora de estandarizar la acuñación de la moneda, lo que los gobiernos han hecho o dejado de hacer para estructurar, impulsar y manipular ha tenido una importancia decisiva en el desarrollo económico.

Sólo hay que mirar a nuestro alrededor. Podemos observar innumerables divergencias en los niveles relativos de productividad y prosperidad económica entre las distintas jurisdicciones políticas. Apuesto a que nadie se atrevería a decir que la apabullante magnitud de esa disparidad surge de causas distintas a la historia y al estado actual de la gobernanza.

También pienso que la segunda afirmación es cierta. Decir que las economías son el resultado de un diseño inteligente sólo quiere decir que alguna inteligencia o inteligencias humanas están detrás del diseño. No quiere decir que el diseño sea inteligente u óptimo.