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Contando lo que cuenta en materia de desarrollo

NUEVA YORK – Para la mayoría de la gente, la mejor manera de medir el "desarrollo" es por la cantidad de cambio -como mejoras en el ingreso promedio, expectativa de vida o años de escolaridad-. El Índice de Desarrollo Humano (IDH), una medición compuesta del progreso nacional que supervisa mi oficina en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, combina estas tres estadísticas para clasificar a los países entre sí.

Lo que muchos no ven, sin embargo, es que esas métricas, si bien útiles, no cuentan toda la historia del desarrollo. En verdad, para entender cuán desarrollado es un país, también debemos comprender cómo la vida de la gente se ve afectada por el progreso. Y para entender eso, debemos considerar la calidad del cambio que se está reportando.

Cuando las estadísticas comparan países, requieren de datos conmensurados. Para comparar la asistencia escolar, por ejemplo, los investigadores contarían la cantidad de alumnos inscriptos en cada país, en relación a todos los niños en edad escolar (aunque inclusive esto puede ser un reto en muchos países en desarrollo, donde mantener un registro no siempre es una práctica estándar).

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