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¿Cuán libre es la libertad de expresión?

NUEVA YORK –El obispo Richard Williamson tiene algunas opiniones muy peculiares y francamente odiosas: que no hubo asesinato de judíos en cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial, que las Torres Gemelas fueron derribadas por explosivos estadounidenses, no por aviones, el 11 de septiembre de 2001, y que los judíos luchan por dominar el mundo “para preparar el trono del Anticristo en Jerusalén”. Y estas son sólo sus opiniones en asuntos seculares.

En lo referente a temas de la doctrina Católica Romana, sus puntos de vista fueron considerados tan fuera de línea con la Iglesia moderna, que el Vaticano lo excomulgó en 1988, junto con otros miembros de la ultraconservadora Sociedad de Sn Pío X, fundada por el simpatizante del fascismo Marcel Lefevre. Entre quienes respaldan a Williamson se encuentra David Irving, que hace poco cumplió pena de cárcel en Austria por glorificar a los nazis.

No hay duda de que el obispo no resulta un hombre atractivo. Sin embargo, ¿merece que cuelguen tantas espadas sobre su cabeza? Como consecuencia de las opiniones que expresó en la televisión sueca, se le ha negado la posibilidad de volver al redil de la Iglesia, como se lo había prometido el Papa Benedicto, lo cual probablemente sea justo. No obstante, también fue expulsado de Argentina, donde vivía, y está bajo amenaza de ser extraditado a Alemania, donde se están haciendo preparativos para juzgarlo por negar el Holocausto.

Mientras tanto, piénsese en el caso de otro hombre poco atractivo, el político holandés Geert Wilders, a quien el mes pasado se le prohibió ingresar al Reino Unido, donde tenía planes de mostrar Fitna, un corto que había dirigido y que describe al Islam como una fe terrorista. En Holanda se le está llevando a juicio en una corte de Amsterdam por "propagar el odio" hacia los musulmanes. Ha comparado el Corán con Mein Kampf de Hitler, y desea detener la inmigración de musulmanes a los Países Bajos.