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Evitar en Egipto lo sucedido en Argelia

OPORTO – El golpe militar que ha derrocado al primer presidente democráticamente elegido de Egipto y ha ido acompañado de las detenciones de dirigentes de los Hermanos Musulmanes en todo el país representa un enorme peligro no sólo para la transición democrática de Egipto, sino también para las esperanzas democráticas de todo el mundo árabe.

El hecho de que el golpe contara con un apoyo popular en masa es una señal de las enormes dificultades afrontadas por los Hermanos Musulmanes durante su primer mandato en el poder. El gobierno del Presidente Mohamed Morsi se esforzó por abordar las heredadas crisis económica y social de Egipto frente a las enormes esperanzas públicas infundidas por la revolución de 2011, cuyos protagonistas aspiraban no sólo a la libertad, sino también al desarrollo económico y a la justicia social.

Naturalmente, los Hermanos Musulmanes fueron también víctimas de sus propios errores, en particular el de que Morsi y su gobierno no tendieran la mano a la oposición laica, algunos de cuyos elementos habían contribuido a su elección. El gobierno de Morsi pareció incapaz de entender que una ligera mayoría electoral no es suficiente, en particular hoy en día.

De hecho, la amplitud de la oposición a Morsi refleja una importante tendencia mundial hacia la emancipación de las clases medias instruidas y conectadas, cuyos miembros suelen desconfiar de los partidos políticos y exigen una participación política más directa. A ese respecto, las dificultades de Egipto difieren sólo por su alcance y no por su clase de las afrontadas por los gobiernos de Turquía, del Brasil e incluso de Europa.