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Una relajación cuantitativa para las personas

OXFORD – Ahora es casi seguro que, con la bajada de los precios de la energía y de los productos básicos, al final de este año la inflación en la zona del euro quedará por debajo de cero: muy inferior al objetivo del Banco Central Europeo de casi el dos por ciento. En lugar de permitir que una desacertada concepción establecida, centrada en la ideología económica alemana, impida la adopción de medidas eficaces, el BCE debe aplicar una relajación cuantitativa (RC) “para las personas”, adaptación de la estrategia de los “lanzamientos desde helicópteros” de Friedman, para corregir la deflación y volver a encarrilar la zona del euro.

En la situación actual, la política monetaria habitual ha tenido –y la RC de estilo americano tendrá– pocos efectos en los países centrales de la zona del euro. Se puede explicarlo en parte con el argumento de que, a la hora de conceder créditos, en la zona del euro (donde los bancos cuentan más) la carga pesada recae menos en los mercados de capitales que en los Estados Unidos. A consecuencia de ello, la bajada de los rendimientos de los bonos estatales y empresariales y de los respaldados por acciones tiene menos efecto.

Al mismo tiempo, ya no se puede bajar mucho más el tipo de cambio del euro, único mecanismo mediante el cual las políticas actuales podrían surtir algún efecto. Para empezar, en vista de los enormes superávits comerciales de la zona del euro, hacerlo provocaría una fuerte resistencia internacional. Además, los mecanismos mediante los cuales las compras de valores respaldados por activos por parte de la Reversa Federal de los EE.UU. estimulan el gasto de los consumidores –los tipos de interés de las hipotecas, una amplia disponibilidad de refinanciación de las viviendas, precios elevados de la vivienda y la posibilidad de obtener créditos con el aval de la vivienda propia– funcionan de forma diferente en la zona del euro.

En Alemania, Francia e Italia, unos precios mayores de las casas incitan a quienes no son propietarios a ahorrar más para el pago de la entrada e inspiran cautela a los arrendatarios, que esperan aumentos futuros de los alquileres. Y la riqueza inmobiliaria de los propietarios existentes no se plasma en un gasto mucho mayor, en vista de la falta de acceso a los créditos avalados por la vivienda y a una refinanciación barata de las hipotecas. Por último, en países como Alemania, donde los depósitos bancarios y las libretas de ahorros superan con mucho su deuda, unos tipos de interés inferiores reducen el gasto total en vivienda.