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El fantasma de Hamás en Anápolis

El regreso de Estados Unidos al frente diplomático israelí-palestino es un acontecimiento al que hay que dar la bienvenida y, sin duda, uno que la diplomacia de la UE ha buscado que ocurra. Los esfuerzos de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice por impulsar el proceso de paz durante sus últimos años en el cargo parecen genuinos. Si tiene éxito, Rice y la administración Bush serán recordados no sólo por la inacabable tragedia de Irak, sino por hacer una contribución seria a la paz en el Oriente Próximo.

Sin embargo, ¿puede tener éxito la conferencia para el Oriente Próximo que se realizará en Anápolis, Maryland? Podría, si sirviera para crear un gobierno de unidad palestino y un llegar a un acuerdo de tregua prolongada, respaldada por una fuerte presencia militar internacional. Lamentablemente, esto es altamente improbable. El motivo de este pesimismo es que no se han tomado en suficiente consideración los factores palestinos internos.

La necesidad de involucrar a todas las fuerzas palestinas en cualquier negociación de paz futura es uno de los puntos claves del consenso que emergió de una reciente conferencia euro-estadounidense organizada por el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea. Hamás debe ser parte de cualquier solución duradera al problema palestino, no sólo porque triunfó en elecciones democráticas, sino también porque controla la Franja de Gaza y tiene una influencia real en Cisjordania. Más aún, mientras la larga tregua de Hamás con Israel muestra que puede estar dispuesta a abandonar la violencia si recibe un nivel adecuado de persuasión, puede convertirse en un obstáculo terrible si se la sigue excluyendo.

Todavía existe la remota posibilidad, por improbable que sea, de que el Primer Ministro israelí Ehud Olmert y el Presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas lleguen a Anápolis con un plan concreto (la división de Jerusalén, un retorno a los límites de 1967 con alteraciones menores, compensaciones para los refugiados) y un calendario para desmantelar los asentamientos en Cisjordania. En este caso, Abbas saldría de Anápolis fortalecido y con una mejor capacidad de negociar con Hamás para crear un gobierno de unidad nacional.