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La prohibición de opinar

NUEVA YORK – En mayo de 1980, estudiantes de la ciudad surcoreana de Gwangju se rebelaron contra el impopular régimen militar, que envió paracaidistas a reprimir el levantamiento; estos asesinaron brutalmente a varios cientos de manifestantes. El general Chun Doo‑hwan, líder del gobierno militar, aseguró que los estudiantes eran agentes revolucionarios norcoreanos.

En las dos décadas que siguieron, Corea del Sur se convirtió en democracia, y Chun terminó en prisión. Los liberales coreanos todavía lloran a los estudiantes de Gwangju como mártires de la democracia, pero algunos conservadores creen que Chun no se equivocó al ver el levantamiento como un complot norcoreano. El actual presidente liberal de Corea del Sur, Moon Jae‑in, quiere prohibir por ley esta clase de expresiones, por constituir «distorsiones históricas». Se prevé una condena a cinco años de prisión para quien ponga en duda que el levantamiento de Gwangju fue un reclamo de libertad, e incluso más larga para quien elogie algún aspecto del dominio colonial japonés en Corea.

Los partidarios de esta normativa para Corea del Sur señalan la existencia en varios países europeos de leyes que prohíben la negación del Holocausto judío. Los oponentes, en tanto, consideran que leyes de esta naturaleza son un ataque a la libertad de expresión y sostienen que no corresponde a los gobiernos decidir quién tiene razón en los debates históricos.

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