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Francia à la Sarkozy

A ocho meses de asumir la presidencia, ¿está Nicolas Sarkozy cumpliendo la "ruptura" con los 30 años de inmovilidad francesa que prometiera? Apodado el "hiperpresidente" por los desconcertados medios de comunicación, ha lanzado una vasta cantidad de reformas, varias de las cuales alguna vez se consideraron un suicidio político. Ha apuntado a varias áreas -como las universidades, el poder judicial, la política exterior, la inmigración, los impuestos y el medio ambiente- pero es la economía la que probará ser el área verdaderamente determinante.

El eslogan de Sarkozy, “trabajar más para ganar más”, le ha significado un respaldo importante. La prueba crucial será su capacidad de reformar el mercado laboral, ya que la opinión general es que sus rigideces son la causa principal del desempeño económico relativamente deficiente de Francia, con un índice de desempleo que nunca ha bajado del 8% en los últimos 25 años.

Si bien el gobierno ha comenzado muchos proyectos, con pocas excepciones la mayoría de ellos aún está en veremos, incluidos los recortes de impuestos para los ricos. Los más importantes tienen relación con el empleo público, las pensiones, las leyes laborales y la duración de la semana laboral, temas que generan una fuerte resistencia.

La principal razón del lento ritmo de avance –haciendo la salvedad de que los presidentes anteriores no hicieron avance alguno- es que la ley de 2005 exige que todas las medidas que afectan el mercado laboral se negocien primero de buena fe con los sindicatos. Naturalmente, los sindicatos ponen tantos obstáculos como sea posible a las negociaciones.