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El fútbol es guerra

NUEVA YORK - Las banderas ya ondean, de Holanda a Argentina, de Camerún a Japón. Pronto se escuchará el sonido de los tambores y las trompetas. Se desplegarán los colores y sonarán los gritos de guerra. Es esa época una vez más: el Mundial de Fútbol nos espera.

Al final de su vida, Rinus Michels, conocido también como "el General" y entrenador del equipo holandés que por escasa cuenta perdió ante Alemania en la final de 1974, dijo que "el fútbol es guerra". Cuando llegó el momento de la venganza para los holandeses en 1988, derrotando a Alemania para después convertirse en campeones europeos, más gente bailó en las calles de Holanda que el día en que la guerra llegó a su fin en mayo de 1945.

En una ocasión, en 1969, un partido de fútbol entre Honduras y El Salvador sí condujo a un conflicto militar, conocido como la Guerra del fútbol. El nivel de tensión entre ambos países ya era alto, pero entonces hubo hostigamiento hacia los fanáticos del equipo hondureño y, peor aún, se insultó el himno nacional y se profanó la bandera de ese país.

Por supuesto, las guerras de fútbol son poco comunes (de hecho, no sé de ninguna otra), pero es una ficción romántica la noción de que las competencias deportivas inspiran inevitablemente una cálida fraternidad, idea manifestada por el Barón de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos. Por ejemplo, la violencia de los hooligans británicos refleja una peculiar nostalgia de la guerra. La vida en tiempos de paz puede ser rutinaria y aburrida, y las glorias británicas parecen muy lejos en el pasado. El fútbol es una oportunidad de vivir la emoción del combate sin arriesgar mucho más que unos cuantos huesos quebrados.