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Por qué Estados Unidos es más desigual que Europa

PARÍS – Las fuerzas políticas europeas están divididas entre quienes consideran que la Unión Europea promueve políticas económicas neoliberales injustas e ineficientes y quienes ven al bloque como fundamental para preservar el relativamente igualitario e inclusivo “modelo social europeo”. Pero la reciente elección para el Parlamento Europeo mostró poco debate sobre este modelo y generó pocas ideas respecto de lo que las autoridades deben hacer para encarar la desigualdad de ingresos en todo el continente.

Es una pena. Una comparación de cifras de crecimiento y desigualdad de ingresos de las últimas cuatro décadas a ambos lados del Atlántico provee nuevos indicios importantes respecto de por qué Europa tiene una distribución de ingresos mucho más equitativa que Estados Unidos; también sugiere a cada parte qué puede aprender de la otra.

En términos generales, el crecimiento de los ingresos en los últimos 40 años ha sido más veloz en Estados Unidos que en Europa. Entre 1980 y 2017, el ingreso nacional promedio por adulto creció un 65% en Estados Unidos contra 51% en Europa. La diferencia es en gran medida (pero no exclusivamente) reflejo de la incapacidad de la UE para coordinar un estímulo económico pancontinental después de la crisis financiera de 2007‑2008. En comparación con Europa occidental, que tras la crisis sufrió una década perdida (2007‑2017) en la que el ingreso nacional promedio por adulto creció a menos del 5%, Estados Unidos creció cinco veces más rápido.

Pero estas tasas de crecimiento promedio ocultan el enorme aumento de la desigualdad de ingresos que hubo en Estados Unidos en las últimas cuatro décadas, desigualdad que se mantuvo mucho más contenida en Europa. Tomando como indicador el promedio de ingresos antes de impuestos, el del 50% de estadounidenses que más ganan aumentó a más del doble desde 1980, mientras que el de la mitad inferior creció apenas un 3%. En Europa, por otra parte, el mismo indicador para la mitad inferior de la población aumentó un 40% en el mismo período, más de diez veces más que en Estados Unidos (aunque todavía por debajo del crecimiento general promedio del ingreso europeo).

La situación no se modifica significativamente si se tienen en cuenta las diferencias entre los sistemas tributarios y de transferencias europeo y estadounidense. El ingreso después de impuestos del 50% de la población que menos gana ha crecido apenas un 14% en Estados Unidos desde 1980 (todavía muy por debajo del crecimiento general de ingresos) y hasta un 40% en Europa.

Los economistas suelen atribuir el aumento de la desigualdad al cambio tecnológico o al incremento del comercio internacional. Pero esto no explica por qué la desigualdad en Estados Unidos y Europa siguió trayectorias tan diferentes a lo largo de los últimos 40 años, ya que durante ese período ambas partes experimentaron shocks tecnológicos similares y enfrentaron un incremento de la competencia de los países en desarrollo. Más bien, el contraste entre Europa y Estados Unidos es reflejo de opciones políticas diferentes.

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Frente a la desigualdad de ingresos, a las autoridades se les presentan dos grandes opciones. Las políticas predistributivas buscan crear condiciones para una distribución futura de los ingresos más pareja, por ejemplo mediante inversiones en salud y educación, normas laborales y de defensa de la competencia eficaces y sindicatos relativamente fuertes. Las políticas redistributivas, en tanto, apuntan a reducir la desigualdad presente mediante impuestos progresivos (más altos para los más ricos) y transferencias sociales a los más pobres.

Que en Europa haya menos desigualdad no es consecuencia de una política tributaria más redistributiva. Es verdad que la alícuota marginal máxima del impuesto federal estadounidense sobre la renta se redujo de un promedio del 80% entre 1950 y 1980 a 37% en la actualidad, y que el presidente Donald Trump redujo la alícuota del impuesto de sociedades de 35% a 21% con su reforma laboral y tributaria de 2017. Pero las alícuotas del impuesto de sociedades europeo también se derrumbaron, desde un promedio del 50% en 1980 a 25% en la actualidad, lo que beneficia a ciudadanos más ricos que derivan de la tenencia de acciones una cuota cada vez mayor de sus ingresos. Además, en ese mismo período, hubo en Europa un aumento considerable de los impuestos al consumo, que recaen desproporcionadamente sobre los pobres.

De modo que en general, los sistemas tributarios en Estados Unidos y Europa se han vuelto menos progresivos en las últimas décadas. En cualquier caso, el sistema tributario estadounidense es ahora ligeramente más progresivo que el europeo, pero la desigualdad en Estados Unidos sigue siendo mucho mayor.

El informe How Unequal Is Europe? del World Inequality Lab sugiere que la relativa equidad de la distribución de ingresos en Europa es en gran medida resultado de políticas predistributivas como el salario mínimo nacional, mejores mecanismos de protección de los trabajadores y el acceso gratuito a salud y educación públicas. Pero la tributación progresiva sigue siendo esencial para reducir la desigualdad de ingresos antes y después de impuestos. Por ejemplo, alícuotas marginales altas pueden poner límites a una acumulación desigual de capital en la actualidad, y de ese modo emparejar más los flujos futuros de ingresos.

En un nivel más fundamental, la tributación progresiva es esencial para la sostenibilidad política de los sistemas fiscales. El detonante de las protestas de los “chalecos amarillos” que estallaron en Francia el pasado noviembre (y después se replicaron en otras partes de Europa) fue una sensación de injusticia tributaria.

Finalmente, la tributación progresiva también cumple una función predistributiva en Europa al ayudar a financiar programas universales de salud y educación pública. Estos a su vez promueven una mayor igualdad de oportunidades, y por ende, una distribución posterior más equitativa de los ingresos. El riesgo, entonces, es que la tendencia general hacia una tributación menos progresiva obstaculice la contención futura de la desigualdad en Europa y Estados Unidos.

Pero no es inevitable. Tal vez los votantes estadounidenses estén más dispuestos a apoyar la educación y salud pública y gratuita cuando vean que esta facilitó (no dificultó) el crecimiento económico en Europa. Y a su vez, Europa puede tomar el ejemplo del gobierno estadounidense, que hace un siglo le puso freno a la competencia impositiva entre estados mediante la creación de impuestos federales a la renta de las personas y de las sociedades.

Si Europa y Estados Unidos pueden aprender de sus respectivas experiencias, propuestas aparentemente radicales para la solución de la desigualdad pueden comenzar a parecer más pragmáticas y viables a ambos lados del Atlántico. Y tal vez las próximas cuatro décadas sean menos desiguales que las cuatro que pasaron.

Traducción: Esteban Flamini

https://prosyn.org/WKUnwXees;