La deuda eterna y los derechos humanos

La canción dice. "Todo,...todo cambia,....cambia, todo cambia...", para que todo siga igual o peor. El devenir que Heráclito pregonaba, que nunca nos bañamos en el mar en las mismas aguas, pareciera que es ajeno a nuestros gobernantes. Lo demuestran en el tiempo los ministros de economía que insisten en bañarse en las mismas aguas contaminadas por los continuos fracasos. Insisten en repetir una y otra vez los mismos mecanismos de negociar, renegociar, volver a provocar el no pago de la deuda y volver a pagar lo ya pagado, ya sea por las fuertes presiones del FMI y del Departamento de Estado Norteamericano, o de los poseedores de los bonos, que día a día acosan a los gobiernos para que paguen lo impagable. Los gobiernos continúan el juego impuesto y piensan que esa es la solución a la coyuntura, y van dejando para el mañana lo que no tienen el coraje de encarar hoy, aunque saben que es un suicidio a corto o mediano plazo para la vida y desarrollo de los pueblos.

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