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Ayuda al desarrollo en pro del desarrollo

Casi diariamente, los Estados Unidos y Europa amenazan con imponer sanciones o cortar la ayuda al desarrollo, a no ser que algún gobierno vulnerable acepte sus críticas políticas. Las amenazas más recientes van dirigidas al nuevo gobierno, encabezado por Hamas, en Palestina. Otros ejemplos recientes de amenazas han sido las recibidas por Chad, Etiopía, Haití, Kenya, Bolivia, Uganda y las sanciones, ya antiguas, contra Myanmar.

Esas tácticas son equivocadas. La utilización de la ayuda al desarrollo como palo político sólo sirve para ahondar el sufrimiento de los países empobrecidos e inestables, sin que se consigan los objetivos políticos perseguidos por los donantes.

Para entender por qué, hay que recurrir a una perspectiva geopolítica a largo plazo y ver, en particular, la decadencia gradual del dominio mundial por parte de Europa y los Estados Unidos. La tecnología y el desarrollo económico están proliferando por toda Asia y el mundo en desarrollo, mientras que la extensión de la alfabetización y la conciencia política durante el siglo pasado hicieron de la libre determinación la ideología dominante con mucha diferencia de nuestra época, lo que propició el fin del colonialismo. El nacionalismo sigue produciendo potentes "anticuerpos" políticos contra las intromisiones europeas y americanas en los asuntos internos de otros países.

A no haberlo entendido se han debido los repetidos descalabros de la política exterior de los Estados Unidos en Oriente Medio, al menos desde la caída del Sha del Irán en 1979. Los Estados Unidos siguen considerando, ingenuamente, Oriente Medio un objeto de manipulación, ya sea por el petróleo o para otros fines. En Oriente Medio está generalizada la opinión de que la del Iraq es una guerra encaminada al control por los Estados Unidos del petróleo del golfo Pérsico, opinión bastante convincente en vista de lo que sabemos sobre los verdaderos orígenes de la guerra. Sólo un orgullo increíblemente desmedido podía hacer creer a los dirigentes de los EE.UU. (y del Reino Unido) que las tropas occidentales serían acogidas como liberadoras, en lugar de ocupantes.