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La democracia contra la eurozona

BRUSELAS – La Unión Europea es una cuasi federación voluntaria compuesta por Estados soberanos y democráticos en los que las elecciones tienen importancia y cada país trata de determinar su propio destino independientemente de los deseos de sus socios. Sin embargo, a estas alturas debería ser claro para cualquiera que la eurozona se concibió con un acuerdo institucional muy diferente. En realidad, el desfase entre el diseño original y el funcionamiento en la práctica ha resultado ser una de las principales causas de la actual crisis monetaria de la unión.

En octubre pasado, el entonces primer ministro de Grecia, George Papandreou, propuso realizar un referéndum sobre el segundo paquete de rescate que apenas había sido aprobado en la Cumbre de la UE en Bruselas. La canciller alemana, Angela Merkel, y el ex presidente francés, Nicolas Sarkozy, rápidamente lo reprendieron, y nunca se sometió a votación ante la población griega.

Sin embargo, poco menos de un año después, al final el referéndum se está llevando a cabo en los hechos. En una unión de democracias es imposible obligar a países soberanos a adherirse a reglas que sus ciudadanos no aceptan.

Esto tiene profundas implicaciones: todos esos grandiosos planes para crear una unión política que apoye al euro con una política fiscal común no pueden funcionar mientras los países miembros de la UE sigan siendo democráticos y soberanos a la vez. Los gobiernos pueden firmar tratados y hacer compromisos solemnes para subordinar sus políticas fiscales a las normas de la UE (o para ser más precisos a los deseos de Alemania y el Banco Central Europeo). Pero a fin de cuentas, los “pueblos”  siguen siendo los verdaderos soberanos y pueden elegir ignorar las promesas de sus gobiernos y rechazar cualquier programa de ajustes que provenga de “Bruselas.”