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Deuda, dictadura y democratización

NUEVA YORK - Después de la caída de Saddam Hussein, Estados Unidos presionó con éxito a los acreedores para que condonaran gran parte de la deuda externa de Irak. Altos funcionarios estadounidenses, incluido Paul Wolfowitz, más tarde presidente del Banco Mundial, sostuvieron que el pueblo iraquí no debe cargar con las obligaciones que el dictador contrajo con el fin de enriquecerse y oprimir a sus súbditos. Citando una doctrina de larga data en el derecho internacional, los defensores de una condonación de la deuda de Irak afirmaron que era "odiosa". Como resultado, los acreedores dejaron de estar protegidos por las normas jurídicas mundiales.

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