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Un show de sombras chinas

NUEVA YORK – Corren tiempos interesantes en China. Un veterano funcionario del Partido Comunista, Bo Xilai, ha sido destituido (acusado de delitos que incluyen pinchar los teléfonos de otros líderes del partido, entre ellos el presidente Hu Jintao); mientras tanto, su esposa está siendo investigada por su presunta implicación en el posible asesinato de un hombre de negocios británico. Al mismo tiempo, un activista de derechos humanos ciego huye de su arresto domiciliario ilegal, encuentra refugio en la embajada de los Estados Unidos en Beijing y no deja el lugar hasta que recibe informes de que las autoridades chinas han amenazado a su familia en su pueblo de origen.

A pesar de la amplia cobertura que estos acontecimientos han recibido en la prensa, es notable lo poco que sabemos en realidad. Respecto del hombre de negocios británico, se presume que su cadáver fue cremado sin autopsia. De las historias siniestras que se cuentan de la esposa de Bo, ninguna está comprobada. Y las razones de la desgracia política de su marido todavía son, por decir algo, confusas.

Es habitual que las cosas se pongan interesantes en China antes de cada Asamblea Popular Nacional, que es cuando se designa a la siguiente generación de líderes del Partido. En la mayoría de las democracias, el relevo del liderazgo es un proceso relativamente transparente, que se deriva de las elecciones nacionales. Por supuesto que también las democracias abiertas tienen su cuota de manipulaciones secretas y negociaciones lejos de miradas indiscretas (especialmente en países del Extremo Oriente como Japón).

Pero en China, todo pasa en secreto. Como no se puede desplazar a los líderes por medio de elecciones, los conflictos políticos se deben resolver de algún otro modo, y a veces, eso implica dar deliberadamente espectáculos públicos.