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La reforma de los puestos de mando chinos

MILÁN – La masiva campaña anticorrupción liderada por el presidente chino Xi Jinping logró progresos para varios objetivos clave: Avanzó mucho para recuperar la confianza en que el Partido Comunista está comprometido con un sistema basado en los méritos; contraatacó patrones de comportamiento de dominación del sector público que llevan décadas de vigencia; redujo el poder de los intereses creados para bloquear la reforma; e impulsó la popularidad de Xi entre los actores del sector privado, aunque mucho menos entre los miembros de la burocracia. En resumidas cuentas, el esfuerzo de Xi para erradicar la corrupción ha empoderado tanto al Partido como a los reformistas. La pregunta es cuánto avanzarán con sus ambiciones reformistas.

Xi ciertamente aún no ha terminado, el mes pasado delineó un conjunto de reformas legales en la IV Sesión Plenaria del Partido Comunista para avanzar con la igualdad de condiciones entre los sectores público y privado. Si se implementan adecuadamente, las reformas darán lugar a un sistema más eficiente para la creación y el cumplimiento de los contratos, facilitarán el ingreso a los mercados y fortalecerán la aplicación de las leyes chinas de competencia.

Una mayor fidelidad al estado de derecho también llevará a la creación de una infraestructura legal y financiera que reducirá el fraude en el sector privado, incluidos los informes financieros. Junto con un mayor acceso al capital, eso ayudará a acelerar el desarrollo del sector de servicios, necesario para crear empleo urbano.

Una mejor gestión de los considerables activos públicos chinos –que incluyen reservas de entre 3,5 y 4 billones de USD en moneda extranjera, sustanciales tenencias de tierras y la propiedad mayoritaria de las empresas estatales que dominan a la economía– complementará esos esfuerzos. De hecho, podría ayudar a impulsar la competencia, fomentar la innovación, fortalecer el sistema financiero y ampliar el acceso al capital.