Chinese art on collapsible paper fans.

Innovación con características chinas

SHANGHÁI – La desaceleración del crecimiento de China ha dominado las noticias económicas globales este año –y por una buena razón-. Además de ser la segunda economía más grande del mundo, China es el mayor fabricante y consumidor de materias primas; de manera que cualquier señal de debilitamiento allí es una mala noticia para la economía global. Pero, si bien los temores sobre el crecimiento en verdad merecen atención, se los debe considerar en el contexto de la trayectoria económica de China a más largo plazo, especialmente su surgimiento como un polo global de innovación.

A China no se le da suficiente crédito por lo lejos que llegó como país innovador. Y aun así, en los próximos diez años, China podría convertirse no sólo en el lugar donde las empresas globales lleven a cabo investigación y lancen nuevos productos, sino también en el origen de una estrategia de bajo costo y ágil en materia de innovación que afectará la competencia en otras partes.

Esta conclusión se basa en un proyecto de investigación en profundidad realizado por el McKinsey Global Institute, destinado a medir dónde está parada China en términos de innovación, evaluando el verdadero impacto de la innovación –vale decir, cómo les va efectivamente a las ideas comercializadas en los mercados a nivel mundial.

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