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Impuestos al carbono en las barricadas

LONDRES – Para los gobiernos en todas partes, la sombra de los gilets jaunes (“chalecos amarillos”), cuyas protestas sacudieron a Francia durante varios sábados antes de Navidad, ahora se cierne sobre las políticas para combatir el cambio climático. Frente a la violencia callejera, el presidente Emmanuel Macron ha cancelado un incremento planeado del impuesto al diésel. Las autoridades de otros países tomarán nota, y los lobistas de la industria automotriz y petrolera –para sorpresa de nadie- las instan a ser más cautelosas.

Sin embargo, muchos de los manifestantes abiertamente no se oponen a una acción en materia de cambio climático. Entre las múltiples demandas de este movimiento callejero de base y dispar está el reclamo de impuestos más altos para el combustible destinado a la aviación en lugar del diésel. Los participantes sostienen que se está llevando a cabo una acción para abordar el cambio climático a expensas de quienes están en peores condiciones para asumir el costo.

Tienen un buen argumento. La política de Macron fue un ejemplo perfecto de cómo no imponer impuestos más altos al carbono. Fue introducida sin considerar de manera suficiente su impacto en la distribución de ingresos y en el contexto económico y político más amplio.

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