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La agenda promercado de Joe Biden

NUEVA YORK – Para los libremercadistas, el Estado es siempre el malo de la película. Como dijo el presidente Ronald Reagan en su famoso primer discurso inaugural: «En la crisis actual, el Estado no es la solución: el Estado es el problema».

Desde los ochenta se idealiza a los mercados como el único modo de lograr una asignación óptima de recursos. Se considera que una economía saludable se guía por el espíritu emprendedor, no por la política, porque el mecanismo de precios transmite información confiable sobre el valor de bienes y servicios. Los vendedores venden al comprador que hace la mejor oferta, y todas las partes son tomadores de decisiones bien informados y racionales. El mercado siempre alcanza el precio de equilibrio, garantía de un resultado eficiente. Es el mundo perfecto.

Pero el mundo real no es perfecto. Los participantes del mercado enfrentan costos de transacción y de información. Son inevitables las externalidades negativas y los fallos del mercado. Hasta los más ardientes defensores del laissez faire coinciden en que a veces se necesita algo de intervención estatal (aunque el Estado debe abstenerse de tomar medidas que distorsionen los resultados del mercado).

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