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¿Un nuevo califato?

PRINCETON – La reciente declaración de un califato por parte de la milicia del Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS) es un hecho sin precedentes en tiempos modernos. Sin importar cómo termine el asunto, una cosa está clara: el yihadismo violento ya es un elemento indisoluble del panorama político árabe.

Ningún grupo musulmán con control territorial había hecho una apuesta semejante desde que la República Turca abolió en 1924 el califato otomano. Incluso las demandas de Al Qaeda y los talibanes nunca fueron más allá de la creación de miniestados (emiratos), que esperan que en algún momento se consoliden en un califato.

Esta vacilación se puede explicar, al menos en parte, por el hecho de que ni Osama bin Laden ni el mulá Omar (líder de los talibanes) reúnen las condiciones para ser califas, una de las cuales es demostrar ser descendientes de la tribu del profeta Mahoma, los Quraysh. Esto sí puede hacerlo el nuevo aspirante a califa, Abu Bakr Al Baghdadi, emir del Estado Islámico.

Según el pensamiento político islámico, un califato (a diferencia de una nación-estado convencional) es una entidad no limitada por fronteras fijas, centrada en la defensa y la expansión del dominio de la fe musulmana por medio de la yihad, o lucha armada.