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La elección impositiva de Italia

MILÁN – Una elección en invierno no va con los gustos de los italianos. Sin embargo, el 24 y 25 de febrero, unos 50 millones de votantes irán a las urnas para elegir un nuevo parlamento y dar inicio al sextoagésimo gobierno de Italia en los últimos 65 años.

Desde noviembre de 2011, Italia no ha estado liderada por un político, sino por un economista académico y un ex comisionado de la Unión Europea, Mario Monti. Su gobierno tecnocrático de emergencia, respaldado por la izquierda y por la derecha, fue un golpe maestro del saliente presidente Giorgio Napolitano.

La maniobra de Napolitano fue crucial ya que resolvió la necesidad de Italia de reemplazar al ineficiente Silvio Berlusconi, un personaje acosado por el escándalo y en quien sus colegas y los mercados globales habían perdido toda confianza, por una figura respetada internacionalmente. Bajo la conducción de Monti, finalmente se iniciaron las reformas y los mercados se calmaron.

Para mejorar la credibilidad de las finanzas públicas, el gobierno de Monti esencialmente aumentó los impuestos, particularmente a los bienes raíces, preservando a la vez la tasa del impuesto a las ganancias, que ya estaba a niveles sin precedentes. El plan tributario destacaba que Italia, al igual que Japón, es un país de deuda pública y riqueza privada. Como señala el economista Marco Fortis, la riqueza familiar italiana aún hoy, aunque tal vez no por mucho tiempo, sigue siendo la más alta de Europa.