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¿Están mejorando los seres humanos?

MELBOURNE – Como los titulares diarios se centran en la guerra, el terrorismo y los abusos de gobiernos represivos y en dirigentes religiosos que se lamentan de la decadencia de las normas de comportamiento público y privado, resulta fácil tener la impresión de que estamos presenciando un desplome moral, pero creo que tenemos motivos para ser optimistas sobre el futuro.

Hace treinta años escribí un libro titulado The Expanding Circle (“El círculo en expansión”), en el que afirmé que, históricamente, el círculo de seres a los que aplicamos la consideración moral se ha ampliado, primero de la tribu a la nación, después a la raza o al grupo étnico, luego a todos los seres humanos y, por último, a todos los animales no humanos. No cabe duda de que se trata de un progreso moral.

Podríamos pensar que la evolución produce la selección de personas que sólo piensan en sus propios intereses y en los de sus allegados, porque los genes correspondientes a esos rasgos tendrían más probabilidades de extenderse, pero, como sostuve entonces, el desarrollo de la razón podría orientarnos en una dirección diferente.

Por una parte, tener la capacidad de razonar confiere una evidente ventaja evolutiva, porque hace posible resolver problemas y hacer planes para evitar peligros, con lo que aumentan las perspectivas de supervivencia. Por otra parte, la razón es, sin embargo, más que un instrumento neutro para la resolución de problemas. Es más que nada como una escalera mecánica: una vez que subimos a ella, podemos llegar a alturas que nunca esperábamos alcanzar. En particular, la razón nos permite ver que otros, que antes estaban fuera de los límites de nuestra concepción moral, son como nosotros en aspectos importantes. Así, pues, excluirlos de la esfera de los seres a los que debemos consideración moral puede parece arbitrario o simplemente injusto.