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Un impuesto a la energía para Europa

La desastrosa guerra de George W. Bush en Irak ha puesto a Europa en apuros. Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo el protector de Europa. Ahora, debido a una guerra en la que no buscaba nada, Europa ve minada su seguridad.

El caos en Irak le dio poder a Irán –un país mucho más peligroso para Europa de lo que pueda haber sido Irak-. Y, con Estados Unidos empantanado en Irak, el presidente ruso, Vladimir Putin, resucitó las tácticas de provocación al estilo soviético. ¿De no ser así Rusia se habría atrevido a amenazar con redireccionar sus misiles nucleares hacia ciudades europeas?

No sólo Bush destrozó al enemigo más importante de Irán y sumergió a las tropas estadounidenses en una causa perdida; sino que también enriqueció a Irán y a Rusia, dos países con recursos energéticos abundantes, al perseguir una guerra que aumentó dramáticamente los precios de la energía. Los elevados precios del crudo hacen que a Irán le resulte más fácil construir armas nucleares y que Rusia utilice el chantaje energético para amenazar a Europa.

Pero Europa puede contraatacar. Al imponer un duro impuesto al consumo de energía, los europeos reducirían tanto el consumo de energía como su precio en los mercados mundiales, recortando a su vez el flujo de fondos a Rusia e Irán.