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Una alianza decisiva y duradera

En los últimos años, muchos expertos y comentaristas han dicho que la Alianza Atlántica se desplomaría o llegaría a ser irrelevante. Como ex embajador ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), puedo decir por experiencia que esas predicciones no son nada nuevo. Como actual Secretario de Defensa de los Estados Unidos, no me cabe duda de que la cooperación transatlántica es tan relevante y esencial como siempre.

Pensemos en los acontecimientos históricos que se han producido el año pasado y el papel desempeñado por los Estados Unidos y Europa. La OTAN añadió siete nueve miembros... naciones deseosas de hacer contribuciones sólidas a la Alianza. En el Afganistán, ocho millones de votantes, el cuarenta por ciento de ellos mujeres, escogieron a su primer Presidente democráticamente elegido en 5.000 años. En la Autoridad Palestina, un presidente democráticamente elegido ofrece la esperanza de una nueva posibilidad de paz. En Ucrania, los ciudadanos comunes y corrientes demostraron la profundidad de su compromiso con unas elecciones libres y justas.

En el Iraq, los antiguos súbditos de Sadam Husein afrontaron amenazas y votaron en unos comicios que ofrecían la posibilidad de elegir entre 70 partidos políticos, en lugar de uno solo. En todo el país llegaron a los colegios electorales votantes con muletas y en carros tirados por burros, tras pasar por delante de carteles que los amenazaban así: “Como votes, morirás”. ¡Qué golpe más demoledor para los extremistas, cuya ideología rechazaron tan claramente los votantes.

Si bien ha habido diferencias sobre el Iraq, esas cuestiones entre amigos tan antiguos no son nuevas. Piénsese en algunas de las divisiones que han surgido entre los aliados de la OTAN en los últimos decenios. En el decenio de 1960, Francia decidió retirarse del mando integrado de la OTAN y pidió que las fuerzas de ésta abandonaran su territorio. En el decenio de 1980 hubo un desacuerdo y una controversia profundos sobre la decisión del Presidente Ronald Reagan de desplegar cohetes de medio alcance en Europa. De hecho, como embajador de la OTAN en el decenio de 1970, tuve que volver a mi país para prestar testimonio contra un proyecto de ley presentado en el Congreso de los Estados Unidos y encaminado a retirar las fuerzas americanas de Europa en plena guerra fría.