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Una carrera hacia el hambre

SYDNEY – Los espectadores de Daytona 500 de febrero en Florida recibieron banderas verdes para agitar en celebración de la noticia de que los autos estándares de la carrera ahora usan gasolina con un 15% de etanol a base de maíz. Fue el inicio de una campaña de marketing televisiva que durará toda una temporada para venderles las ventajas de los biocombustibles a los norteamericanos.

En la superficie, el autoproclamado “enverdecimiento de NASCAR” (Asociación Nacional de Autos Estándares de Carrera) es simplemente un ejercicio transparente (y, uno sospecha, desafortunado) en una forma medioambiental de blanqueo para el deporte –llamémoslo “un baño verde”-. Pero la sociedad entre un pasatiempo adorado por los estadounidenses y el lobby de los biocombustibles también marca el último intento por inclinar a la opinión pública a favor de una política verdaderamente irresponsable.

Estados Unidos gasta unos 6.000 millones de dólares por año en respaldo federal a la producción de etanol a través de créditos impositivos, aranceles y otros programas. Gracias a esta asistencia financiera, una sexta parte de la oferta de maíz del mundo se quema en autos estadounidenses. Es suficiente maíz para alimentar a 350 millones de personas durante un año entero.

El respaldo del gobierno del rápido crecimiento de la producción de biocombustibles contribuyó a un desorden en la producción de alimentos. De hecho, como resultado de la política oficial de Estados Unidos y Europa, que incluye metas de producción agresivas, el biocombustible consumió más del 6,5% de la producción global de granos y el 8% del aceite vegetal del mundo en 2010, con respecto al 2% del suministro de granos y prácticamente ningún combustible vegetal en 2004.