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Un nuevo antisemitismo

Éstos son tiempos violentos. Algunos creen que estamos experimentando un nuevo tipo de conflicto: "guerra de culturas", como las que enfrentan a los musulmanes suníes y chiíes o a los grupos tribales de África y Asia o, de hecho, a los islamistas y los occidentales. Sin embargo, las razones más profundas para algunos de esos conflictos pueden muy bien ser más tradicionales.

La pertenencia a un grupo cultural particular es un simple pretexto para batallas entre los vencedores y los perdedores de la mundialización. Dirigentes implacables movilizan a seguidores desorientados. En particular los perdedores, con frecuencia representados por jóvenes sin futuro, pueden verse inducidos a adoptar medidas, suicidas incluso, contra el supuesto enemigo.

Tal vez no debería extrañarnos que en una época así esté reapareciendo de entre las sombras el más antiguo de nuestros horribles –mortíferos, en realidad– resentimientos: el antisemitismo. Su regreso adopta la forma clásica de los ataques a personas, como el reciente asesinato de un joven judío en Francia, o de la desfiguración de lugares simbólicos, como cementerios y sinagogas, pero existe también una sensación más general de hostilidad a todo lo judío.

Era como para pensar que el antisemitismo habría desaparecido para siempre con el Holocausto, pero no fue así. Hay quienes niegan que el Holocausto ocurriera o que así fuese en una forma demasiado bien documentada.