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Una exclamación de alarma de Europa

Jacques Chirac ha alarmado a los países candidatos de Europa central y del Este a ser miembros de la UE. El presidente francés los acusó de ser "infantiles" e "irresponsables" al expresar su postura pro EU en el asunto de Iraq, y advirtió que su posición podría ser "peligrosa", puesto que la decisión de permitirles ingresar a la Unión aún no ha sido ratificada.

Una buena andanada. Después, el presidente francés asumió el papel de maestro de kindergarden ante lo que llamó los países candidatos "mal educados", al decirles que se estaban "portando mal" y que "habían desperdiciado una gran oportunidad de callarse la boca".

Para cualquiera que recuerde que hace 40 años el presidente Charles de Gaulle le cerró la puerta en las narices a la solicitud de Inglaterra para unirse a la comunidad europea, esos comentarios son preocupantes. Pero pongamos las cosas en perspectiva: Jacques Chirac no es Charles de Gaulle, y Europa ha avanzado mucho desde los tiempos en que su agenda la dictaba unilateralmente Francia.

El papel autoconferido del presidente Chirac como experto en buen comportamiento diplomático no se puede tomar en serio, incluso por aquellos de nosotros que conocemos (y amamos) a Francia. Más bien su exabrupto se explica como señal de frustración ante el hecho de que la influencia francesa en la UE se está diluyendo. Al igual que el Rey Lear después de perder el reino, Francia no puede hace otra cosa sobre su influencia perdida que rabiar con impotencia.