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Crisis de confianza

LONDRES – La confianza pública en las instituciones financieras, y en las autoridades que supuestamente han de regularlas, fue una víctima temprana de la crisis financiera. Esto apenas debe sorprender, ya que firmas que antes eran reverenciadas dejaron en evidencia que no comprendían plenamente los instrumentos mismos que utilizaban o los riesgos que asumían.

Es difícil no sentir un cierto regocijo interior por la caída de los Dueños del Universo. Sin embargo, y lamentablemente, todos perderemos si persiste esta pérdida de confianza. Como observara Ralph Waldo Emerson: “Nuestra desconfianza es muy costosa”. El Premio Nobel Kenneth Arrow lo hizo notar en términos económicos hace casi 40 años: “Es posible argumentar de manera plausible que gran parte del atraso económico del mundo se puede explicar por la falta de confianza mutua".

De hecho, muchos estudios de economía han demostrado una estrecha relación entre el nivel de confianza en una comunidad y su desempeño económico general. Sin confianza mutua, la actividad económica resulta gravemente afectada.

Incluso dentro de Europa hay importantes evidencias de que los países donde la confianza mutua es mayor alcanzan mayores niveles de inversión, particularmente a través de inversiones de capital de empresas conjuntas, y están preparados para utilizar contratos más flexibles, los que son además beneficiosos para el crecimiento y la inversión. De manera que, si es cierto que la confianza en las instituciones financieras -y en los gobiernos que las supervisan- se ha visto dañada por la crisis, deberíamos preocuparnos mucho, y buscar dar respuestas que puedan restituirla.