La falta de un sistema monetario global

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NUEVA DELHI – Llegados al fin de 2015, en el mundo hay pocas áreas de crecimiento firme. En un momento en que tanto los países desarrollados como los emergentes necesitan un crecimiento veloz para mantener la estabilidad interna, es una situación peligrosa, reflejo de una variedad de factores, entre ellos poco aumento de la productividad en los países industriales, el sobreendeudamiento de la Gran Recesión y la necesidad de reformular el modelo de crecimiento exportador de los mercados emergentes.

¿Cómo compensar la falta de demanda? En teoría, mantener tipos de interés bajos debería impulsar la inversión y crear empleo. En la práctica, si el sobreendeudamiento implica insuficiencia continua de demanda de los consumidores, el rendimiento real de las inversiones nuevas puede derrumbarse. Incluso puede ocurrir que el tipo de interés real neutral identificado por Knut Wicksell hace un siglo (grosso modo, el tipo de interés que se necesita para llevar la economía a pleno empleo con inflación estable) sea negativo. Esto explica la atracción que sienten los bancos centrales por políticas monetarias no convencionales, como la flexibilización cuantitativa. Pero su capacidad de impulsar la inversión y el consumo internos no está totalmente demostrada.

Otro modo tentador de estimular la demanda es aumentar el gasto público en infraestructura. Pero en los países desarrollados, la mayoría de las inversiones obvias ya están hechas. Y aunque la necesidad de reparar o reemplazar infraestructuras ya creadas es evidente (los puentes en Estados Unidos son un buen ejemplo), una mala asignación del gasto puede aumentar el temor del público a posibles subas de impuestos, incrementar el ahorro de las familias y reducir la inversión de las empresas.

Puede decirse que el potencial de crecimiento de los países industriales ya era reducido antes de la Gran Recesión. El ex secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Larry Summers, popularizó la frase “estancamiento secular” para describir la falta de demanda agregada causada por el envejecimiento de poblaciones que quieren consumir menos y la mayor participación en el producto de los más ricos, quienes difícilmente aumenten su ya elevado nivel de consumo.