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Ganarse a los perdedores de la mundialización

A los dos lados del Atlántico, muchos ven la mundialización económica como una amenaza para quienes ganan menos de la media. Según una reciente encuesta del Fondo Alemán Marshall, en Francia, Alemania y los Estados Unidos hay mayorías partidarias de mantener las barreras comerciales vigentes, aun cuando, al hacerlo, se obstaculice el crecimiento económico. Está claro que los beneficios netos que entraña la integración económica mundial no son suficientes para convencer a quienes han perdido sus puestos de trabajo y a los muchos otros que se sienten en peligro.

El recién creado Fondo Europeo de Ajuste a la Mundialización (FEAM) es una reacción a escala de la UE ante esa amenaza. El FEAM puede gastar hasta 500 millones de euros al año para ayudar a los trabajadores de miembros de la UE afectados por despidos inducidos por el comercio, pero compartir los beneficios de la mundialización con los perdedores se considera, tradicionalmente, un deber nacional. Por ejemplo, la Asistencia de Ajuste al Comercio, introducida en los Estados Unidos por el Gobierno de Kennedy en 1962 y que ha servido de modelo para el FEAM, es un plan puramente nacional. ¿De verdad está justificada la intervención de la UE?

El argumento económico en pro de un fondo europeo sobre la mundialización es el de que la política comercial ha pasado a ser una competencia europea, mientras que los miembros de la Unión conservan la capacidad para bloquear las decisiones. Piénsese en el hipotético ejemplo de una liberalización comercial total de los textiles, que tendría efectos profundamente asimétricos entre Suecia, pongamos por caso, que apenas tiene industria textil, y Portugal, que tiene una importante. Suecia sería una beneficiaria clara, mientras que Portugal se vería gravemente afectado, con un gran número de trabajadores textiles que han perdido su puesto de trabajo.

Las repercusiones negativas de esas reducciones de personal son graves. Las estadísticas de la OCDE muestran que del 40 por ciento al 50 por ciento de los trabajadores del sector manufacturero de la UE 15 que han perdido su puesto de trabajo siguen sin un puesto de trabajo 24 meses después de quedar desempleados. El 30 por ciento, aproximadamente, tienen un empleo en el que ganan menos que en el anterior. Sólo una cuarta parte, más o menos, de ellos tienen un nuevo empleo con un sueldo del mismo nivel o superior que el anterior (véase el gráfico).