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¡Que entren los payasos!

NUEVA YORK – Cuando el mes pasado demasiados italianos votaron por un magnate de los negocios con mala fama o por un cómico, los mercados europeos de valores se desplomaron. Sin confianza pública en la clase política, Italia podría llegar a ser ingobernable.

Pero los italianos no están solos. La rabia contra la clase política dirigente ha llegado a ser un fenómeno mundial. Blogueros chinos, activistas del Tea Party americano, eurófobos británicos, islamistas egipcios, populistas holandeses, ultraderechistas griegos y “camisas rojas” tailendeses tienen –todos ellos– una cosa en común: aborreciniento del status quo y desprecio a las minorías selectas de sus países. Estamos viviendo en una época de populismo. La autoridad de los políticos y los medios de comunicación tradicionales está esfumándose rápidamente.

El populismo puede ser un remedio necesario cuando los partidos políticos se esclerotizan, los medios de comunicación de masas se vuelven demasiado complacientes (o demasiado próximos al poder) y las burocracias no tienen en cuenta las necesidades populares. En un mundo globalizado y dirigido por banqueros y tecnócratas, muchas personas tienen la sensación de que carecen de voz y voto sobre los asuntos públicos y se sienten abandonadas.

Nuestros políticos nacionales, cada vez más impotentes para afrontar crisis graves, son sospechosos –y a menudo con razón– de preocuparse sólo de sus propios intereses. Lo único que podemos hacer es expulsar con nuestro voto a los granujas, a veces votando a candidatos que en épocas más normales no tomaríamos en serio.