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China sin Corea del Norte

NOTTINGHAM – La tercera prueba nuclear de Corea del Norte cambia el juego no sólo para Estados Unidos y Japón, sino también para el último aliado del régimen, China. La reacción oficial china a la última provocación de Corea del Norte fue adusta: China está "fuertemente disconforme y se opone rotundamente" a la prueba, e insta a que se reanuden las conversaciones internacionales. Pero la postura de China no resulta significativamente amenazadora, porque sus líderes no admiten que ya no necesitan sucumbir ante el chantaje de su vecino rebelde.

Al llevar a cabo la prueba, los norcoreanos una vez más pusieron en riesgo los intereses nacionales de China. La comunidad internacional volvió a concentrarse firmemente en la relación de China con su aliado indisciplinado, y espera que, por ser una superpotencia emergente que busca asegurarle al mundo que su ascenso es pacífico, China ejercerá un papel constructivo. Por más limitada que sea la influencia de China, el régimen norcoreano sólo puede sustentarse con un respaldo chino.

El hecho de que la última prueba nuclear de Corea del Norte se produce habiendo transcurrido tan poco tiempo desde su lanzamiento de un misil en diciembre hace que las Naciones Unidas tengan buenos motivos para pedirle a China, un miembro permanente del Consejo de Seguridad, que asuma un liderazgo diplomático. Simplemente no basta con que China solicite, como lo hace en su comunicado oficial, que se reanuden las Conversaciones de Seis Partes con Corea del Sur, China, Estados Unidos, Japón y Rusia. Ese marco quedó inmensamente desacreditado ante la repetida violación por parte de Corea del Norte de los acuerdos previos.

China debe advertir a Corea del Norte que no se verá presionada a ofrecer respaldo aún cuando los intereses nacionales chinos se hayan visto minados. De hecho, China debería dejar en claro que, a pesar de que preferiría que Corea del Norte sobreviviera y prosperara, podría estar dispuesta a permitir que su viejo aliado colapse.