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¿Una luz al final del túnel para Europa?

En varios sentidos, el 2005 ha sido el annus horibilis de Europa. Comenzó bien, cuando los votantes españoles aprobaron el borrador de constitución de la Unión Europea, pero el asunto se echó a perder cuando los votantes franceses y holandeses lo rechazaron poco después. En parte, estos votos reflejaron el descontento con las políticas nacionales, y en parte la desilusión con la manera como los gobiernos manejan los asuntos europeos.

Los gobiernos no tardaron en responder con más de lo mismo. A días de las votaciones, no pudieron llegar a un acuerdo sobre el presupuesto de la UE para 2007-13. Los gobernantes francés y británico entraron en un acalorado debate que desvirtuó la cumbre subsiguiente, antes de que Gran Bretaña asumiera la presidencia rotativa de seis meses de la UE, en julio.

Normalmente, los países usan sus presidencias de la UE para mostrar sus capacidades de solucionar problemas y hacer avanzar la UE. Sin embargo, hasta principios de diciembre al menos, Gran Bretaña se ha mantenido bastante poco activa a este respecto. Además de enterrar el borrador de constitución, en gran medida ha dado un paso al costado en el tema presupuestario. Son pocas las probabilidades de que logre aprobar el presupuesto este año y, a menos que la disputa se resuelva pronto, la Unión no tendrá un presupuesto operacional para 2007.

Incluso si se adopta un presupuesto, a la presidencia austriaca, que comienza el 1 de enero, no le faltarán temas para deprimirse. El mayor problema es la incapacidad de Europa de crecer a un paso que no sea de tortuga y proporcionar trabajo a sus ciudadanos.