La geopolítica occidental: un trastorno infantil

Declaraciones recientes de algunos dirigentes estadounidenses y de representantes de la OTAN dan la impresión de que no sólo los radicales islámicos y de otra índole, sino también figuras civilizadas están perdiendo la comprensión de la realidad y han empezado a actuar irracionalmente. El mundo se está volviendo un lugar cada vez más difícil de prever y administrar, en particular para quienes están acostumbrados a estar al mando de él.

Los errores del pasado decenio se cobrarán un precio muy elevado. Se ha permitido a tres países –el Pakistán, la India y Corea del Norte—desarrollar armas nucleares, lo que demuestra que ya no quedan argumentos políticos o morales contra la proliferación nuclear, sólo ataques aéreos o soborno.

En lugar de un diálogo de civilizaciones y apoyo a las fuerzas modernizadoras en el Oriente Medio, se ha dado preferencia a una orientación casi opuesta. La invasión del Iraq destruyó una tiranía muy desagradable, pero ha inspirado una oleada de odio a Occidente, incluso entre quienes despreciaban a Sadam, y ha dividido al propio Occidente.

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