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Occidente desaprovechó la crisis

ATENAS – La pandemia tuvo un costado bueno: dio a Occidente una oportunidad para enmendarse. En 2020 brilló un atisbo de esperanza. La pandemia obligó a la Unión Europea a considerar una unión fiscal. Después ayudó a sacar a Donald Trump de la Casa Blanca. Y un Nuevo Pacto Verde mundial ya no parecía tan lejano. Entonces llegó 2021, y todo volvió a ser como antes.

La semana pasada, en su informe de estabilidad financiera, el Banco Central Europeo lanzó una advertencia ominosa: Europa está frente a una burbuja inmobiliaria, que se perpetúa sobre la base del endeudamiento. El informe es digno de destacar porque el BCE sabe quién está provocando la burbuja: es el BCE mismo, con su política de flexibilización cuantitativa (FC), un eufemismo para referirse a la creación de dinero al servicio de los financistas. Es como que el médico te diga que la medicina que te recetó tal vez te esté matando.

Lo peor de todo es que no es culpa del BCE. La excusa oficial para la FC es que habiendo caído los tipos de interés por debajo de cero, no había otro modo de combatir la amenaza de deflación que se cernía sobre Europa. Pero el propósito oculto de la FC fue refinanciar la deuda insostenible de grandes corporaciones deficitarias y (sobre todo) de estados miembros clave de la eurozona (por ejemplo Italia).

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