La riqueza y la cultura de las naciones

Los economistas modernos han convertido a Adam Smith en un profeta, de la misma forma en que los regímenes comunistas alguna vez divinizaron a Karl Marx. El principio fundamental que le atribuyen a Smith –que los buenos incentivos producen buenos resultados independientemente de la cultura—se ha convertido en el gran mandamiento de la economía. No obstante, esa visión es una interpretación equivocada de la historia (y tal vez una lectura equivocada de Smith).

El crecimiento moderno no provino de mejores incentivos, sino de la creación de una nueva cultura económica en sociedades como Inglaterra y Escocia. Para lograr que las sociedades pobres crezcan, debemos cambiar sus culturas, no sólo sus instituciones y los incentivos asociados a ellas, y eso requiere que más personas de esas sociedades conozcan la vida en las economías avanzadas.

A pesar de la creencia casi universal de los economistas en la supremacía de los incentivos, tres características de la historia mundial demuestran el predomino de la cultura.

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