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Guerra sin fin contra las mujeres del Congo

NUEVA YORK – La violencia en el Congo es inexplicable. Pero si el horror de las guerras recientes del Congo –en las que ha muerto más gente que en cualquier otra guerra desde la Segunda Guerra Mundial- ha de terminar, lo abominable debe salir a la luz.

En todas las regiones orientales de la República Democrática del Congo, soldados del gobierno, miembros desertores de unidades militares gubernamentales y miles de milicias están violando en masa a un sinnúmero de mujeres. Convierten a algunas mujeres en esclavas sexuales, marcan a algunas víctimas como ganado y amputan y mutilan a mujeres y niñas, algunas de hasta tres años, destruyéndoles la vagina y otros órganos internos.

A veces, los hombres armados obligan a los padres, hermanos y maridos de sus víctimas a violarlas, o a las mujeres a comer carne de sus parientes asesinados. Después, muchas de las mujeres experimentan una absoluta soledad mientras sufren los efectos físicos y psicológicos del trauma y hacen frente a la destitución, embarazos e hijos no deseados, VIH/SIDA y ostracismo por parte de sus seres queridos que las eluden por “enfermas” o “impuras”.

¿Quiénes son estos asesinos y violadores, estos hombres que han cometido crímenes aberrantes durante más de una década con total impunidad? Muchos son los llamados “genocidas” que huyeron de Ruanda al Congo después de participar en la masacre de 800.000 tutsis en 1994. Otros son rebeldes ruandeses y miembros del ejército del Congo. Y otros son hombres y chicos reclutados y obligados por las pandillas a unirse a las milicias.