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Ucrania al borde del abismo

VIENA – Hace siete años la Revolución Naranja de Ucrania alimentó la esperanza de que el país estuviera avanzando hacia una verdadera democracia. Desde entonces, las libertades democráticas se han restringido, la ex primer ministro y líder de la revolución, Yulia Tymoshenko, ha sido encarcelada y el régimen del presidente, Viktor Yanukovych, se ha aislado de la escena internacional. Ucrania se está deshaciendo.

Actualmente, un pequeño grupo de oligarcas que rodean a Yanukovich han secuestrado el poder. Manipulan las elecciones, controlan los medios de comunicación, y están configurando las instituciones del país de modo que sirvan a sus propios intereses empresariales. La condena de Occidente no ha tenido impacto. Mientras dominen las industrias y recursos naturales del país, seguirán teniendo el poder –enfoque que perfeccionó el ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, la figura que toman como ejemplo.

Independientemente de la opinión que se tenga sobre Tymoshenko, su encarcelamiento no se debe a ninguno de los delitos manifiestos que cometió mientras estuvo en el poder. Está en prisión porque ya no tiene ese poder. Esto sienta un precedente peligroso porque crea un incentivo poderoso –el ganador se lleva todo, el perdedor va a la cárcel- para cometer actos despiadados.

Es difícil predecir el curso que seguirán los acontecimientos del caso Tymoshenko – Yanukovych cederá a la presión de la Unión Europea y los Estados Unidos para liberarla, o, las fuerzas que la quieren excluir para siempre de la política. Hasta hace poco, los dirigentes ucranianos usaban medios más eficientes que la prisión para tratar a los opositores incómodos. Por ejemplo, en 2000, el periodista Georgiy Gongadze, fue secuestrado y decapitado después de haber publicado en línea informes sobre la corrupción en los altos niveles del gobierno. Durante la investigación correspondiente, el ex ministro del Interior, Yuriy Kravchenko, murió de dos disparos en la cabeza horas antes de atestiguar.