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Dos aplausos y medio para la Unión Mediterránea

Tal vez haya llegado la hora de ser un poco más generoso con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y analizar el resultado de lo que hace y no la manera en que lo hace.

El lanzamiento original de la Unión Mediterránea estuvo a punto de hundir toda la iniciativa. Aparentemente sin darle a la cuestión demasiada consideración, Sarkozy en un principio propuso un club de estados europeos y principalmente árabes a lo largo de la costa del Mediterráneo. Habría sido, en esencia, una iniciativa ejecutada por los franceses por la que el resto de Europa habría tenido que pagar. Esto no fue bien digerido, en especial por los alemanes.

También existía la fuerte sospecha de que los franceses intentaban encontrar una manera de sobornar a Turquía con una relación que distaba mucho de una integración a la Unión Europea.

De modo que los augurios para un intento de revitalizar la relación de Europa con sus socios mediterráneos no eran buenos. Pero para cuando se realizó la gran cumbre de París en julio para poner en marcha el nuevo club, las sospechas iniciales prácticamente se habían disipado. Sarkozy cedió a las demandas de sus críticos europeos y celebró un triunfo diplomático. Pronto veremos si la iniciativa tiene sustancia o si es sólo una capa de pintura fresca a una idea vieja y trillada.