ad17ccdc4a588d0a754c1b5e49c65744 Mikhail Svetlov/Getty Images

¿Quién gana en la guerra comercial de Trump?

BRUSELAS – Cada día que pasa se vislumbran con mayor claridad los delineamientos de la estrategia comercial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Los socios comerciales de Estados Unidos enfrentan amenazas drásticas. Sin embargo, tal como se demuestra mediante la renovación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Corea, y la “reforma” y cambio de nombre del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la mayoría de los países deben ofrecer sólo pequeñas concesiones para apaciguar a Trump. El único país por el cual Trump se preocupa – su “enemigo público número uno” – es China.

Por lo tanto, se encuentra preparado el escenario para una confrontación sino-estadounidense, con todas las pesadas e imprevisibles implicaciones geoestratégicas que dicha confrontación conlleva. Sin embargo, para el resto del mundo, esta podría no llegar a ser una tan mala noticia. De hecho, la teoría económica sugiere que hay algo de verdad en el viejo adagio: “Cuando dos pelean, el tercero se regocija”.

Hasta hace poco, la política comercial predominantemente estuvo al servicio de la liberalización. Desde la década de 1960 hasta la década de 1990, este proceso fue impulsado principalmente por reducciones generalizadas en los aranceles, que fueron pactadas bajo los auspicios del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, y el sucesor del GATT, la Organización Mundial de Comercio. No obstante, el intento más reciente de reducción arancelaria universal – la llamada Ronda de Doha – nunca llegó a buen término, principalmente debido a que India (no China) se opuso a abrir algunos de sus mercados clave.

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